Mis fábulas y demás

Libros infantiles 

El Club de la Mariposa 

Argumento:

Tina tiene dos hermanas, Phil y Maddie, y siempre ha sido la más pequeña aunque sean... ¡trillizas! Este año empiezan a ir al colegio de mayores y el nuevo curso les tiene preparadas varias sorpresas [...]
Una hermosa y enternecedora historia sobre la amistad, la confianza y la seguridad en uno mismo.

Fragmento:

Somos tres: Phil, Maddie y yo.
Las tres llevamos flequillo. Una vez intenté cortármelo yo misma. ¡Uf!
Tenemos los ojos azules y papá dice que nuestra naricita es preciosa. A veces hace como que nos la quita, pero no duele.
Phil en realidad se llama Philippa. A veces se me olvida cómo se escribe y me hago un lío con las pes y las íes.
El nombre completo de Maddie es Madeleine. También es difícil de deletrear. Me equivoco poniendo las es y la i.
Yo me llamo Tina. Está chupado escribirlo, ¡menos mal!


Somos trillizas. ¡Sorpresa! Porque todo el mundo piensa que yo soy la hermana pequeña. Me molesta mucho. Ya era la más pequeña cuando nacimos. Era realmente muy muy pequeña.
No crecí lo suficiente cuando estábamos todas en la tripa de mamá. Creo que Phil y Maddie se sentaron encima de mí y me aplastaron. Cuando nacimos, yo era demasiado pequeña para irme a casa con mamá, Phil y Maddie. Tuve que quedarme sola en una diminuta cuna de metal con tapa que se llama incubadora. Espero que al menos me llevaran mi osito. No podía usar ropa de bebé como todos y me ponían un ridículo gorrito para que no tuviera frío en la cabeza.

Los médicos descubrieron que algo no iba bien con mi corazón. Quizá era demasiado pequeño, como yo. Me tuvieron que operar. Me pusieron una cajita diminuta en el pecho para que mi corazón latiera bien. Menos mal que me durmieron y no me enteré de nada de todo esto. Casi me muero. De verdad. Se supone que no debo saberlo, pero he oído a los mayores susurrando. Mamá y papá venían a verme todos los días, mientras los abuelos cuidaban a Phil y Maddie. Mamá lloraba porque no podía cogerme en brazos. No me podían sacar de mi incubadora. ¡Pero me puse mejor! ¡Hasta me dejaron salir al aire libre!

Crecí casi lo suficiente para irme a casa, pero justo entonces tuve una infección en el pecho y tuvieron que darme un montón de medicinas. No me las daban en cuchara, como ahora: la enfermera las inyectaba en el gotero que iba directo a mi brazo. Seguro que era muy maja.
Me gustan las enfermeras. Aún tengo que ir al hospital para revisiones y siempre montan mucho alboroto cuando aparezco.

Y por fin me mandaron a casa. Podía estar otra vez con Phil y Maddie. Todavía eran mucho mucho mucho más grandes que yo. Y siguieron siéndolo. Cuando empezamos el colegio, estaba un poco asustada, porque yo era mucho más pequeña que los demás niños. No estaba acostumbrada a tantos niños grandes.

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