Mis fábulas y demás

Cuentos inolvidables 

El cuento de la araña 

Érase una vez un chiquillo que no quería hacer nada. Su padre y su madre querían que aprendiese un oficio, por lo que no le quedó otro remedio y aprendió el oficio de zapatero.
Tan pronto como murió el padre, el muchacho no quiso trabajar más. Entonces su madre se enfadó mucho con él y lo echó de casa.
El chico le dijo a su madre que volvería pasado un año, muy rico, y que se casaría con la primera mujer que encontrase.
Después se llevó una caja con dos herramientas de zapatero y se marchó, seguramente en busca de fortuna.
Caminó muchas leguas entre espesuras y matorrales, hasta que vio una losa y se sentó encima, sacó un pan de la caja y empezó a comer.
Entonces, de debajo de la losa salió una gran araña y el chiquillo, en cuanto la vio, le dijo:
—Anda, ven, que vas a ser mi mujer.
La araña se metió en la caja, pero él hizo un agujero en el pan que llevaba y le dijo que se metiese dentro.
El muchacho siguió andando, andando, andando hasta que, a lo lejos, divisó una casa vieja.
Entró, puso la caja en el suelo y la araña salió y comenzó a subir por la pared. Fue hasta el techo y empezó a hacer una tela.
El chico se volvió y le dijo:
—Así me gusta: me gustan las mujeres trabajadoras.
La araña no le contestó nada.
El chico se fue a buscar trabajo a una aldea cercana. Como allí no había zapatero, les encantó y le hicieron encargos.
El muchacho, como vio que iba teniendo fortuna, se buscó una criada para servir a su señora, y se la llevó para la casa vieja, en donde estaba la araña. También llevó un hornillo y alguna loza para hacer la cena.
La criada estaba muy sorprendida y la araña le dijo que abriese una puerta que allí había y fuese al gallinero a matar una gallina, y que en un armario encontraría todo lo necesario para prepararla.
Cuando el chico regresó, vio la casa barrida y una cena con todo lo mejor.
Se volvió a la araña y le dijo:
—¡Buena elección la mía con mi mujer!
La araña empezó a tejer.
Después de un año, el muchacho ya era muy rico y no tenía que trabajar en su oficio, porque siempre le aparecía todo lo que necesitaba.
Dijo entonces que quería ir a su pueblo, que había quedado en visitar a su madre pasado ese tiempo.
Mandó aparejar dos caballos y le dijo a la criada:
—Tú vas a simular que eres mi mujer, pues voy a decirle a mi madre que estoy casado.
La criada lo aceptó, montó a caballo y fue con él.
La araña bajó del techo, fue al gallinero y no vio más que un gallo. Se montó en él y fue detrás de los dos que iban a caballo.
Cuando llegaron al matorral en el que estaba la losa, se pararon los cabalgadores y miraron al suelo.
El gallo empezó a decir:
Ki kiri kí.
¡Ki, kiri, keina!
Él es el rey.
Yo soy la reina.
Entonces se abrió la losa y surgió un magnífico palacio.
La araña se convirtió en una hermosa princesa, se casó con el chico, que se convirtió en rey y ella en reina.
Después mandó que viniese la madre del zapatero y la criada se quedó como aya.
Cuento recogido en el libro Cuentos Populares Portugueses Edición de José Viale Moutinho.

¿Quieres comprar este libro?

◘ Comprar en Casa del libro
◘ Comprar en amazon España 









Librerías online

Casa del libro
Amazon España
El jardín del libro
www.000webhost.com